Rina desobedece la advertencia de Naoto y sigue buscando encuentros con el padre de su amiga. Aprovechando cualquier ocasión —en hoteles, en el auto o incluso en la casa de Naoto— lo seduce con insistencia y se entrega con intensidad, convencida de que por fin su suerte con los hombres está cambiando. Aunque él dice que no debería, siempre termina cediendo a sus deseos. Poco a poco, Rina desarrolla una adicción a esos encuentros secretos, lo que la va llevando a situaciones cada vez más arriesgadas.







